El contexto
Una tableta de gran consumo pensada para personas mayores: interfaz simplificada, botones grandes, recorridos sin jerga. El dispositivo se vende con un conjunto de aplicaciones preinstaladas, y esas aplicaciones tienen que durar — quien compra este tipo de equipo lo conserva años y no quiere ver cambiar su pantalla de inicio cada seis meses.
Tres de esas aplicaciones se nos confiaron: un reproductor de vídeo, el acceso a un fondo de archivos audiovisuales y una aplicación de pódcast.
El reto
El verdadero problema nunca fue sacar una primera versión. Fue durar.
Una aplicación preinstalada en un dispositivo vendido en tienda no puede
permitirse fallar. Cada versión de Android mueve algo: restricciones sobre los
BroadcastReceiver, reglas de tareas en segundo plano, permisos, comportamiento
del almacenamiento. Cada evolución de las fuentes de contenido mueve otra cosa.
Y el público destinatario es precisamente el que no sabrá esquivar un fallo.
Lo que hicimos
Desarrollamos las tres aplicaciones y luego las acompañamos año tras año:
- Seguimiento de las versiones de Android, hasta Android 14 — adaptación de
los
BroadcastReceiver, del ciclo de vida de los servicios y de las políticas de permisos. - Fiabilización de la carga de imágenes en listas con desplazamiento. Los síntomas clásicos — miniatura equivocada en un elemento reciclado, primeras imágenes que no aparecen, limitación impuesta por el servidor remoto — se trataron de raíz: cola de peticiones controlada, temporización, verificación del destino antes de mostrar, cliente HTTP unificado.
- Adaptación a la evolución de las fuentes de contenido, que cambian de formato o de política de acceso sin avisar.
En torno a estas aplicaciones intervinimos en un ecosistema más amplio: servicios de recogida y redistribución de contenidos, aplicaciones de televisión conectada, emisión hacia un televisor y un módulo de videollamada en tiempo real.
El resultado
Las tres aplicaciones siguen en producción hoy, ocho años después de las primeras entregas, en un parque de dispositivos en manos de usuarios que nunca las han visto caer.
Es el tipo de encargo que no hace ruido y que, precisamente por eso, dice lo esencial: un proveedor al que se conserva ocho años es un proveedor cuyo código nunca ha necesitado reescribirse.