El contexto
Una pyme cuya actividad se basa en intervenciones en casa de sus clientes: técnicos en carretera, planificaciones que se mueven, partes de trabajo que rellenar in situ y llevar de vuelta a la oficina.
Antes del proyecto, todo ello se sostenía sobre hojas de cálculo, impresiones y llamadas de teléfono. Funciona — hasta cierto volumen.
El reto
La trampa, en este tipo de software, es diseñar para quien compra en lugar de para quien usa.
El gerente quiere visibilidad: dónde están los equipos, qué se ha hecho, qué queda por facturar. El técnico, en cambio, está de pie, en una sala técnica mal iluminada, con una sola mano libre y a veces sin cobertura. Si la herramienta le lleva más tiempo que el papel al que sustituía, no se usará — y un software de negocio que el terreno esquiva no produce ningún dato fiable.
Lo que hicimos
- Una base Django con la planificación, las intervenciones, los clientes y los partes.
- Una introducción de datos pensada para el campo: recorrido corto, campos reducidos a lo necesario, nada que presuponga una escritura cómoda con teclado.
- Un desarrollo iterativo, entregado en pequeños incrementos en lugar de un cambio único. Un software de negocio no se especifica correctamente a la primera: son los primeros usos reales los que revelan qué falta y qué no servirá nunca.
El resultado
El software lleva en desarrollo continuo desde 2024 y sigue en evolución activa — lo que, en una herramienta de negocio, es la mejor señal posible: solo se sigue invirtiendo en aquello que se usa.
Este proyecto ilustra una convicción sencilla: en un software de campo, el criterio de éxito no es la riqueza funcional, es la tasa de adopción. Una funcionalidad que nadie rellena no vale nada, sea cual sea la calidad de su código.
Capturas
Cliente cubierto por un acuerdo de confidencialidad